Sopa de miso
Muerto de sed
mi luna cae sobre tu piel
y en tus cerros sagrados
meditan mis monjes
cubiertos por el manto
de tu sabia presencia
pero antes de todos ellos
estamos nosotros dos
y el espacio atravesante
nos separa de frente
como dos polos magneticos
que se repelen completamente
aunque tu mirada
mueva mi mente y mi ropa
y me desnude de un parpadeo
encendiendo las hornallas
de este indescriptible infierno
con ardientes tizones
para que tu boca de mares
y tu tormentosa lengua
guien mis calcinadas manos
hacia tu monte de venus
y den vuelta al planeta
rozando la superficie
como un fugaz cometa
dormirme en tu centro
hasta reflejarme en la luz
del origen de este cosmo
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