Mares de vino
Esa noche estábamos de guardia con mi compañero Nicanor. Habíamos robado un whisky de la cocina. En la popa nos pusimos a ver la luna y las estrellas mientras bebíamos unos tragos y escuchábamos “Balada para un loco” de Astor Piazzola en un viejo grabador de casete.
-Que gracioso, no? Que se llame planeta Tierra y no planeta Agua. Si la diferencia del porcentaje entre los dos es demasiado obvia. - le dije a Nicanor.
-Es cierto, pero pasa que nosotros no somos para el agua. Si no fuera por el barco estaríamos ahogados o muertos, tal vez comidos por los tiburones.
-Bueno, tal vez fue una idea un poco apresurada. Pero qué pasaría si respirásemos bajo el agua?
-Eh, Atilio! No estoy en condiciones físicas y mentales de contestarte esa pregunta jajaja.
En eso que charlábamos, algo solido choca por debajo de la nave y produce un temblor en todo el barco. Ambos, asustados, nos asomamos a estribor y vimos un gran pedazo de hielo. Era realmente un desorbitantemente y gigante pedazo de hielo. Por la ubicación en donde estábamos era imposible que hubiera hielo. Mucho menos de esa magnitud.
-Que mierda pasa? - pregunto Conrado, el capitán, mientras salía de su camarote.
-¡Chocamos contra una gran masa de hielo! - dijo Nicanor.
-¿Hielo? JAJAJA. Que necios! Pero si acá no hay..PUM! - dijo Conrado mientras se volvió a escuchar un estruendo proveniente del casco delantero del barco, que se sacudía de lado a lado.
Al parecer era otro pedazo de hielo. Nos asomamos los 3 por la borda a ver y ahí estaba el gigantesco trozo de hielo. El barco, a simple vista, no presentaba daños de ningún tipo. Después de ese episodio Conrado nos dio unas instrucciones las cuales no entendí y volvió a su camarote. Nosotros seguimos en la guardia. Esta vez fuimos a la proa a seguir bebiendo. De paso a controlar de que no surja alguna otra cosa que nos alarme y no nos agarre desprevenidos.
Habían pasado ya media hora, tal vez 40 minutos del extraño suceso, cuando Nicanor se fue a mear por la borda. En eso me pega un grito: "Atilio, veni. Mira esto". Me asomo con mucha curiosidad por la baranda y, al darse vuelta, me muestra la verga y dice: "toma por curioso jaja". Antes de poder molestarme por ese chiste de mal gusto, observo detenidamente el color del agua que se había oscurecido mágicamente. Trataba de alumbrar la zona con el farol a kerosene. Le digo: "Mira el agua, parece como negra. ¿No será petróleo?". Vuelve a mirar y me dice: "parece más como si fuese vino tinto jaja". Era notorio el estado de ebriedad en el que estábamos. Alguna de nuestras facultades, como la visión y la conciencia, nos estaban fallando. En ese momento no pude evitar pensar y preguntarme: "Primero el hielo y ahora el agua oscura. ¿No estaré loco?"
Otra hora más había pasado. Posiblemente hayan sido las 4 de la madrugada. Nicanor se había dormido mientras yo filosofaba en la soledad de la noche con lo que quedaba de whisky. "¿Hielo en el atlántico? Pero si no estamos tan al sur. ¿Y por que el agua estaba negra? No hubo daño de ningún tipo en el barco como para creer que fuese algún tipo de combustible." Llegue al punto de creer que sí, que definitivamente había enloquecido. “Tanto tiempo en el alta mar que termine por desquiciarme" pensaba. En eso veo grandes olas formarse y chocar contra nosotros. El agua pasaba por el piso del barco y mojaba nuestros pies.
-Despertate, pajero. Parece que viene tormenta. - le digo a Nicanor
-Zzzzzz... eh! Qué pasa? - dijo sin abrir los ojos
-¡Se viene la tormeeeentaaa!.
Una ola grande nos tapo a los dos por completo y nos tumbo de los sillones dejándonos cerca de la cabina. Nos miramos sorpresivamente. El olor, el color, el sabor del mar, nos había sorprendido. Nos levantamos de un salto. Nicanor corrió a los camarotes mientras yo fui directo a la campana de emergencia, avisando a la tripulación para que se preparen. Se nos había pasado el pedo del susto. Aunque luego de eso me había quedado un sabor amargo en la boca que no era salado. Era como si realmente fuera vino.
-Todos a cubierta!! - grito Conrado.
Éramos alrededor de 15 hombres. La mayoría de muchos años de experiencia. Llovía suavemente. Todos teníamos puesto el impermeable. En eso Nicanor comentó a los demás sin rodeos: "Con Atilio creemos que el agua de mar en realidad no es agua sino vino… vino tinto". Todos comenzaron a reír a carcajadas. “Puedo probarlo” dijo confiadamente. Se asomo a estribor y lanzo una cubeta al mar para luego traerla llena de ese liquido oscuro. Tomo una jarra y la sumergió al fondo de la cubeta, para sí beber el "agua". El grupo comenzó a callar. Algunos solo murmuraban. “Este está re loco” se escucho por el fondo. José Manuel, el más viejo y experimentado de la tripulación, se acerco a Nicanor y le quito la jarra de la mano. Bebió tres grandes tragos. Sus ojos se volvieron vidriosos, se lo notaba algo emocionado. Al segundo exclamo con su voz algo temblorosa: "¡Es vino! ¡Es vino! ¡Esto es un milagro!". Estallaron los comentarios. Todos fueron directo a la cubeta. Querían comprobar si era cierto. Pero en ese mismo instante una ola enorme golpeo al casco y nos trajo de nuevo al presente. Conrado, a toda voz, dio las órdenes necesarias y cada cual fue a su lugar. A mí me tocaba arriba con Danilo, el tuerto. Observábamos todo a nuestro alrededor y alertábamos a cada uno de su labor si nos parecía necesario. En eso veo, incrédulo, una gran pared de cristal translucida con pequeñas gotas impregnadas sobre el vidrio a la cual nos precipitábamos. Quede mudo. El tuerto pegó un grito al cielo para que girasen toda la nave y no chocar de frente. Coordinadamente doblamos el barco rozando ese cristal. Todos pudieron verlo, incluido yo, pero nadie podía creerlo. Vino, hielo y ahora un muro de cristal. Acaso estaríamos en un gran receptáculo de morapio?. No pude soportar reír. Pero antes de darme cuenta una gran lluvia de ese vino tinto nos tapo completamente, tirándonos de arriba al tuerto y a mí y a toda la tripulación hacia el mar. El barco se dio vuelta y aplastó algunos tripulantes. Comenzaba un gran caos en el medio de la nada. Esa nada convertida en una bebida salida de la vid que nos enloqueció completamente.
Luego del destrozo, provocado por la lluvia y el oleaje del mar, pude encontrar el bote de emergencia flotando a la deriva. Fui el ultimo en subir. Éramos solo 3 supervivientes. Vimos los restos del barco esparcidos sobre el agua y a nadie de la tripulación para salvar. Pareciera que el mar se los había tragado. La oscuridad de la noche no nos permitía para más. A pesar de todo estábamos inevitablemente ebrios. Camilo, el mas nuevo, vomitaba y sollozaba. Bruno, que no era de hablar, se había dormido. Y yo no paraba de pensar: "tengo que estar soñando". Una vez que el mar estuvo en calma me acurruque e intente dormirme.
Desperté al amanecer, el bote había tocado tierra. Me encontraba solo. No tenía ni la más mínima idea de donde estaba. Sobre la orilla podían verse algunos pedazos de lo que fue nuestra nave y un par de cadáveres de los tripulantes. “Conrado, Nicanor” pensaba. Estuve a punto de estallar en llanto. Tome una gran bocanada de aire y suspire. Baje a inspeccionar. Los demás supervivientes no estaban. Trate de mantener la calma mientras escurría mis ropas. Al darme vuelta vi el mar totalmente normal, con su color real. Armé una fogata y me senté a un lado. Cerré los ojos y nuevamente repetí: “esto es un sueño”. Lo hice hasta alcanzar un estado de paz y relajación. Volví a dormirme.
Al despertar descubrí que nada fue real, que todo realmente había sido un sueño. Si, un sueño producto del alcohol. La verdad, o lo que me contaron, es que había salido una noche de parranda y me embriague completamente con vino. Ahí fue donde tuve una pelea con un tipo al cual le corte el cuello con un cristal de un vaso roto. Al escapar corriendo me choca una moto queriendo cruzar la calle donde mi cabeza impacta con el asfalto. Quede inconsciente. Me llevaron de urgencia al nosocomio local. Estuve así durante 12 días. Al recobrar la conciencia noté que estaba atado a la camilla. El enfermero de turno me contó todo lo anterior. También me dijo que había atacado de gravedad a uno de los médicos, produciendo un corte contundente en unos de sus ojos con una botella de vidrio. Para cuando me dieron el alta me llevaron detenido por varios delitos a la comisaria primera, donde pase unas semanas en el calabozo. A los meses, entre idas y vueltas a la fiscalía, me condenaron a 8 años de prisión en la cárcel del condado. Pero gracias a mi abogado, terminaron por declararme inimputable y me trasladaron a un centro psiquiátrico. Así que aquí estoy, en una habitación de 3x4 con paredes acolchonadas. Tengo una camisa de fuerza que no me deja ni respirar. Trato de pensar que todo esto es un sueño. Aunque tengo un compañero que dice que vino por un dolor de garganta.
-Desde cuando estas acá? Le pregunté.
-Uff… hace como unos 4 o 5 días. O capaz que unos 6 años, que se yo. Che ¿Nunca escuchaste “Balada para un loco”?
Pequeña obra maestra Hormigonio. Saludo cordial
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